La experiencia con Rowing Together para mí está suponiendo un aprendizaje muy intenso. Terminé la residencia con muchas ganas de estrenar profesión y desde luego lo estoy haciendo.

Solemos ver motivos de consulta similares, las precarias condiciones del campo, los viajes recientes y el estrés generan gran variedad de desequilibrios que el cuerpo refleja. Y, aunque tratamos las infecciones, valoramos los embarazos, escuchamos y acompañamos, gran parte de la sintomatología se queda perenne. Hay cosas que no las cura la medicación.

Hoy no me ha llamado la atención algo clínico, hoy ha venido Banu a la clínica, se ha esperado discretamente en una esquina y ha hablado bajito con la magnífica traductora que tenemos, me han hecho saber que necesitaba ser vista aparte. Banu ha visto pasar delante de ella a todas las mujeres de Moria que han necesitado una consulta hoy de cualquier tipo. Solo decía «ella lo necesita más, lo mío no es importante». Se ha hecho tan tarde que Banu nos ha dicho que fuéramos a comer mientras ella, paciente, siempre paciente, esperaba. Y al final del día nos hemos sentado a hablar.

Banu ha hecho un viaje muy largo y lo ha dejado todo atrás. Tras sufrir varias agresiones sexuales en su país de origen fue repudiada por su marido y se vio obligada a dejar su casa, sus hijos y su vida atrás. No sin ir acompañado el proceso de violencia física, que la persiguió a lo largo de su ruta y en Turquía. Banu se vio obligada a montarse en una barca, por evitar las constantes agresiones y nos cuenta con horror que cayó al mar. Así que Banu por suerte o por desgracia ahora está aquí, sola, completamente sola y sin poder tener un minuto para poder saborear su soledad.

Porque eso es lo que pide.

No tiene prurito vaginal, no tiene dolor abdominal y no tiene un sangrado anormal. Le duele cada centímetro de su cuerpo, de su cabeza y de su alma. Y solo pide poder estar algún rato sola. Poder llorar su pena con tranquilidad, poder llorar a sus hijos tan lejanos y poder tener un duelo por todas sus pérdidas. Y no es capaz. En el container vive con otras 20 personas, tiene que hacer cola para comer, cola para hacer pis, cola para ducharse, cola para absolutamente cualquier actividad que decida hacer. Tiene más que trabajada la paciencia. Además, los conflictos son comunes por (una vez más) los escasísimos recursos. Así que Banu, cuya condena como mujer fue la soledad, ahora se encuentra con que no puede ni llorar en paz sola. 

La ironía del silencio atronador de Moria.

También estamos aquí para eso (a veces incluso más) para escuchar su historia, para reconocerle el dolor y el sufrimiento; y aceptárselo. Para poder derivarla a los proyectos disponibles y darle una continuidad. Para hacerle ver entre todas que es la más fuerte de toda la isla. Todas lo son. De todo el mundo entero.

Rocío, matrona. Equipo 13.

A 22 de marzo de 2019