De nuevo en Moria.

Vine por primera vez en diciembre del año pasado, también con Rowing Together, fueron días muy intensos, de muchas cosas nuevas, de muchas emociones, de aprender demasiadas cosas en muy poco tiempo para luego irme con la sensación de que no había hecho suficiente, de que había que hacer más

Y luego vuelves de golpe a tu cotidianeidad y guardas estos recuerdos y experiencias en el cajón, piensas «cuando tenga tiempo los saco a dar una vuelta, a ver si se me ocurre que hacer con ellos», pero eso de tener tiempo se nos da fatal, te sumerges en tu trabajo, en tu dinámica diaria y Moria poco a poco se te va diluyendo en la memoria…como una cicatriz que va cerrando y ya no duele tanto, ya no se ve…

Pero para bien o para mal vivimos en un mundo donde tampoco es fácil cerrar los ojos ante lo que está sucediendo, al menos para algunos, y aquí estoy otra vez

Esta vez vengo con otra visión, entre medias me he preparado un poco más, partiendo de lo que vi la vez anterior, violencia sexual, violencia de género, enfermedades infecto-contagiosas que creía ya erradicadas, control prenatal de alto riesgo en contextos con bajos recursos. 

También he debatido, sobre la cooperación, sobre nuestros complejos de salvadores del mundo, sobre las raíces de estos fenómenos, sobre qué los motiva y los mantiene en marcha. El porqué salen de Afganistán, o de Siria, o de Irán, o del Congo, porqué vienen aquí, cómo vienen….

Claramente aún hay infinidad de cosas que ignoro, pero vaya, que, a comparación de mi primera vez, ahora sí que traigo hechos los deberes.

Pero nada te prepara para lo que viene. Esta paciente nunca es igual que la anterior, aunque las dos se llamen Fatema, las dos vengan de Afganistán, las dos tengan 23 años y 5 hijos, las dos hayan sufrido violaciones antes, durante o después de haber llegado a Moria. No hay libros, ni cursos ni protocolos que te preparen para esto.

Tienes que respirar hondo, sonreír, hablar con calma y dejar que poco a poco se vaya desahogando, sin apresurar todas las preguntas y exámenes que tienes y debes hacerle, sin mostrar tu sorpresa por lo que estas oyendo…tienes que transmitir tranquilidad, hacerle sentir que aquí y ahora está segura, y que al menos intentaremos ayudarle a que lo esté, que no está sola, que (por suerte) existen una serie de recursos a su alcance que podemos ofrecerle, sesiones de grupo con personas en situaciones similares, profesionales capacitados para ayudarle…que ya ha dado el primer paso, que es el más difícil: contar su historia y pedir ayuda, que ya es mucho más que lo que desafortunadamente muchas más aún no han podido hacer. 

Terminamos, nos abraza, se va un poco más ligera que cuando llegó, nosotras nos sentimos más pesadas, pero así compartimos la carga entre todas y pesa menos, como le ha dicho mi compañera en la consulta. Aprendo de ella, su fortaleza, estar entera y estar aquí de pie contando su historia, aprendo de mis compañeras, cómo reaccionan, lo que le dicen, sus maneras de reconfortar, aprendo de la traductora, la forma en la que la escucha sin interrumpirla ganándose las palabras en su mente para luego repetirnoslas, con calma, con respeto….No, ésto no lo tenía estudiado, por eso, porque aquí nunca dejas de aprender, porque ellas desafortunadamente no dejan de llegar, con sus cargas a la espalda, las visibles y las que no, buscando un sitio seguro, como esta tierra tan lejana donde a pesar de las condiciones en las que viven, se sienten más seguras que antes, y mientras sigan viniendo, mientras nada cambie, aquí seguimos también, hasta que no haga falta, hasta que no haya que cargar más.

Deni, ginecóloga. Equipo 14.

A 15 de abril de 2019