Y la vida me sigue sorprendiendo…

Creía que estaba curada de espantos y bastó una sola mirada para romper mi alma.

Una mirada cargada de miedo y pena, una mirada que jamás pensé que podría ver. 

La mirada de una guerrera a la que le han roto la vida.

Y así transcurre la mañana en la clínica…miradas de angustia, miradas vacías, miradas cargadas de palabras…pero también hay miradas de tranquilidad, miradas seguras, miradas que sonríen tímidamente haciéndote ver que saben que están en el sitio donde se les va a ayudar. 

Qué satisfacción cuando aparece la mirada feliz de unos niños correteando por la sala de espera, jugando, riendo…miradas inocentes que aún conservan el brillo de la vida. 

Poco a poco he aprendido a transmitirles fuerza, esperanza y amor con mi mirada, todo lo que llevo dentro es por ellas y para ellas …para darles un rato de Fe en el ser humano. ¿Y sabéis? Cada vez que veo un poco de luz en esos ojos oscuros, los míos se cargan nuevamente de esperanza.

Sólo puedo decir que me siento muy afortunada de poder estar aquí mirando esos ojos, no hacen falta palabras. ¡Y aquí seguiré …mirando al futuro con ellas!!

Ana.

A 16 de junio de 2019