Cuando una persona es feliz, sonríe con frecuencia y es optimista, al cabo de los años el gesto de su cara lo delata. Los extremos de sus labios se mantienen elevados de forma permanente. De igual forma, en la persona pesimista, que está siempre enfadada y que apenas sonríe, los años hacen que esta característica de su personalidad se vea reflejada en su cara. Ambos tipos de rasgos faciales los he visto con frecuencia. Lo que no había visto nunca fue esa cara de terror en la cara de un hombre. Un refugiado sirio que había conseguido llegar a Lesvos tras dejar atrás todo lo que tenía y muchos seres queridos muertos, entre ellos su cuñado y su suegro, y haber tenido que ingeniárselas para huir de su país con su mujer embarazada y su hija de 4 años. Nunca olvidaré esa cara, y ojalá que no tenga que volver a ver esa característica facial jamás.

Tampoco olvidaré a ese matrimonio de profesores sirios que viven junto con sus hijas, yernos y nietos (en total 15 personas) en una tienda de campaña del olive grove. En este caso, afortunadamente, toda la familia había conseguido escapar.

He venido a Lesvos a colaborar con Rowing Together en la atención sanitaria de los refugiados de Moria. Atendemos a mujeres entre las que se encuentran las mujeres embarazadas que acaban de llegar a Lesvos, a las que les realizamos un primer control ecográfico, colaborando posteriormente con Médicos sin Fronteras en su control hasta el momento del parto. Este suele atenderse en el hospital de Mitilene, aunque casualmente ayer nuestra matrona tuvo que atender de urgencia un parto en el campo de refugiados. También atendemos otras mujeres que son derivadas desde otros servicios médicos de los refugiados por presentar problemas ginecológicos o para la inserción de un DIU o de un implante subcutáneo. Mujeres que han sido víctimas de violencia sexual son también atendidas por nosotros.

Las condiciones de trabajo no son a las que estamos acostumbrados. El espacio es reducido, el material escaso, no hacemos prescripciones para la farmacia, sino que entregamos directamente la medicación a la mujer, ya que ella no puede comprarla. La organización es perfecta gracias a la exhaustiva planificación del trabajo y de las funciones de cada uno de los miembros del equipo (incluidos los traductores), y la excelente labor de coordinación que llevan a cabo las personas responsables de la misma. Sacamos provecho de material que en otras circunstancias sería cambiado por otro mejor; aquí se aprovecha todo. Pero necesitamos ayuda para poder realizar mejor el trabajo. Sería fantástico disponer de un ecógrafo mejor (que por cierto es el único que se utiliza en el campo de refugiados), una camilla que no precise de ¨trucos¨ para poder ser utilizada, más medicación, y sobre todo voluntarios clínicos (ginecólogas, médicos de familia, enfermeras, matronas). Estoy convencido de que todo voluntario que acuda a ayudar a estas personas tan necesitadas, quedarán marcadas positivamente para siempre después de realizar su labor.

Cristóbal Trillo. médico de familia. Equipo 26.

A 9 de octubre de 2019