Entonces aquí estoy, 83 días después, en el mismo lugar en el que empecé este viaje… siendo la misma, pero diferente. Buscando cuál puede ser la mejor forma de plasmar toda esta experiencia dentro de mi último diario de abordo, aunque ello ha sido una tarea imposible… y ya haya escrito y re-escrito esta entrada varias veces desde hace tres días. Y es que todo lo que escribo me resulta o repetitivo o insuficiente, y realmente no consigo encontrar las palabras para explicar Lesbos, para explicar Moria, para explicar Kara Tepe, para explicar Pikpa, para explicar la familia que formamos en Rowing Together. 

Sin forma adecuada de abordar este escrito, entonces, lo haré desde la más simple de mis reflexiones: hoy siendo la misma que se fue hace casi tres meses, la vida para mi es completamente distinta. El cambio, que tanto he buscado siempre, se vislumbra un poco, a lo lejos, porque ahora camino distinto. Porque ahora siento con más intensidad. Porque ahora entiendo lo que antes no había logrado entender. Porque ahora me siento un poco más humana. Porque ahora he sido testigo de todo lo peor de la humanidad y también de todo lo mejor de ella. Porque me quedo con la alegría de los niños, con el amor de las pacientes, con las risas de las señoras que venían a la lavandería de Kara Tepe, con las ganas y el cariño de todos aquellos con los que tuve el placer de trabajar en la isla, con todas esas amistades increíbles que formé con gente de todo el mundo, con la resiliencia, con la fuerza, con la esperanza, con la vida que se respira en Lesbos. 

Me quedo pensando que el cambio que he venido notando dentro mío, es el único que quizás algún día me permitirá ejercer un cambio en el mundo. Pensando que este amor que he recibido es la única herramienta que tengo para poder transmitir todo lo que me enseñaron estos meses. Pensando que no todo está perdido, que mientras siga habiendo gente como aquella que conocí en la isla, el mundo todavía tiene luz y tiene esperanza.

Y así, aunque me fui de Lesbos con las mismas dos maletas, el mismo pasaporte y la misma tarjeta de residente… Hoy volví con los cientos de historias que escuché, que me contaron, que me confiaron. Hoy volví con más ganas de cambio, con más fuerza, con más llanto acumulado. Vengo, como siempre digo, con mucho más de lo que me fui. Todos aquellos que no tienen nada para dar, me dieron mucho más de lo que di. Y entonces, aunque vengo con la alegría de volver a casa, también me invaden estas ganas locas de quedarme en esa isla que ahora también es hogar. 

Y me voy con un eterno gracias, shoukran, tasha kor, thank you, efjaristo para poli. A la vida, por mi suerte diferente y la oportunidad de cambiar mi rumbo siempre. A mis equipos, por dejarse la piel cada dos semanas y dar todo lo que tenían para dar siempre, sin cuestionamientos, con puras sonrisas, siendo mi familia lejos de mi familia. A mis amigos por mostrarme el lado lindo y claro de las cosas cuando el camino se me ponía borroso. A todas esas almas buenas que conocí y que me cambiaron para siempre. 

Me voy, como politóloga, reforzando la idea de que toda solución es política. Me voy, como humana, pensando que el cambio comienza en nosotros. Me voy, con la alegría de saber que cada uno desde su trinchera, seguirá remando, seguirá luchando. 

Adriana, (ex) Coordinadora. 

A 20 de noviembre de 2018