Presentación Aurelia. Equipo 10.

Soy Aurelia, 41años, médico de urgencias en el @Hospital de la Cerdanya/hospital de la Cerdagne en los Pirineos catalanes. Soy voluntaria desde los 15 años tanto a nivel nacional como internacional, y me encanta ser un médico polivalente. Para mí siempre ha sido una suerte poder haber estudiado medicina así que qué menos que compartir mis conocimientos. 

Después de mucho tiempo queriendo estar aquí (cuando aún los campos estaban abiertos a las ONG, cuando se pensaba que esto sería una situación provisional…) al fin estoy aquí. La situación ha cambiado, han pasado años y Lesbos ya cuenta con 3 campos, los refugiados se hacinan, apartados en un rincón de la isla, con su vida congelada, en condiciones pésimas, después de sobrevivir a un espeluznante y largo viaje, y aquí están, sin ningún futuro. Pero esto es Europa, es en nuestra casa, y son seres humanos, como nosotros. Moria es el campo en peores condiciones y es aquí donde realiza Rowing Together su labor. Su proyecto me llamó mucho la atención al prestar asistencia exclusivamente a las mujeres, normalmente siempre las más desatendidas.

Estoy acostumbrada a diferentes escenarios, pero esto es diferente. Estamos en Europa, con recursos de sobras para ayudar a esta gente y no se utilizan. No es una isla azotada por la guerra, por la hambruna, o lejos dentro de la selva amazónica. Estamos en Grecia, en Europa y aquí los griegos viven como yo vivía en Ibiza durante mi residencia, con sus terrazas, cafés, su puerto, sus campos de olivos, sus piscinas y sus valles boscosos.

Y para mi es chocante. ¿Acaso los refugiados no son personas? Es mejor tenerlos apartados que así no los vemos y nos olvidamos. Yo no puedo (ni debo) juzgar a los griegos, cada uno hace lo que puede en esta vida. Pero sí se puede pedir cuentas a Europa. Dicen que Moria es el infierno, algunas pacientes me han dicho que están igual que en Siria. No llego ni a imaginármelo, no podemos ver el interior del campo, es un ex campo militar rodeado de muros y alambres, con guardias en la puerta, sólo se puede entrar con un pase especial. Hay refugiados merodeando por fuera( no todos con cara de amigos ), otros dando una vuelta por la carretera con los niños, otros van al pueblo de Moria, hay prostitución infantil en el campo por la noche , hombres que sólo esperan( y fuerzan) a que sus mujeres se queden embarazadas para obtener el estatus de vulnerabilidad, otras quieren quedarse conscientemente por este motivo…hay mujeres que han venido solas, otras con su marido e hijos, otras que han dejado sus hijos atrás o han perdido algunos , asesinados…y muchas otras cosas más que no sé. Es difícil enterarse de las cosas. Parece que todo está hecho para no enterarte. 

Desde el primer día sé que mi estancia se me va a hacer muy muy corta.

Y cada día pienso, ¿qué puedo aportar yo a gente que lo ha perdido todo? incluso su dignidad. Que sobreviven cada día, día tras día. Que vienen a la consulta con la única ropa que tienen, con chanclas, sin calcetines en pleno invierno y que tienen dolor de espalda y artralgias, picaduras y eczemas, porque duermen en las tiendas en el suelo en los containers (isobox) hacinados con 10-40 personas, sin calefacción (evidentemente) cuando la temperatura exterior no sobrepasa los 10 grados. ¿Qué puedo aportar yo, cuando me explican que durante su periplo han sufrido violaciones múltiples en Turquía y desde entonces presentan dolores abdominales, estrés postraumático (sin atención psicológica), infecciones endometriales, vaginales, enfermedades de transmisión sexual cuando no un embarazo no deseado? 

¿Qué mujer no enloquecería con esto y estando sola todos estos meses de viaje?

¿Qué puedo aportar yo cuando una mujer de mi edad, de porte triste y curvado (muchas entran en nuestra tienda encogidas, frágiles, discretas y temerosas) rompe a llorar cuando le pregunto por los hijos y me explica que los talibanes han matado a uno de ellos y otro murió por fiebre a los días de nacer? ¿Qué puedo aportar cuando al preguntar algo pierden su mirada neutra y por un instante vislumbro en sus ojos el horror sufrido y a mí se me congelan las tripas?

¿Qué puedo aportar yo cuando me miran con esas caras tristes mientras esperan en la sala de espera?

Pues yo soy otro ser humano y las veo, sean afganas, sirias, congolesas o camerunesas. No estoy para juzgar absolutamente nada de sus decisiones o de sus circunstancias. Son mujeres y yo también. Sé que están aquí, que han sufrido y siguen sufriendo, y 

quiero que se sepa. Y mientras hago el test de VIH «rezamos» juntas. Y si quieren un test de embarazo o una eco para saber si lo están, pues bienvenido. Y si podemos aliviar sus vaginitis, sus infecciones urinarias y sus dolores, pues bienvenido. Y si podemos -gracias a los ginecolog@s y las matronas de MSF -procurar un seguimiento del embarazo medio normal, pues bienvenido. Y si podemos tratar las EPI tras las violaciones, pues bienvenido. Y si podemos estar ahí para ellas, pues bienvenido.

Gracias a Iván nuestro ginecólogo incansable siempre dispuesto a realizar una eco aunque sea para tranquilizar a una paciente sin patología objetiva, gracias a Hasim, Leila y Samir-refugiados-traductores de Farsi, Gracias a Georgina, australiana, traductora de árabe, gracias a Eve francesa traductora de francés, gracias a Fabiana por intentar explicarme la compleja organización del campo.

Y cada día, al dejar nuestra tienda para ir a casa, mientras se pone el sol y los pájaros cruzan la isla, miro atrás, por encima del muro y de los alambres y pienso en ell@s. Otra noche de sufrimiento.

Pero mañana volveremos a estar ahí para quién lo necesite. Ojalá Rowing together pueda seguir prestando asistencia mientras haga falta.

Aurelia Sans, 41 años, médica de urgencias. Equipo 10.

A 24 de enero de 2019