Un último abrazo y un último saludo.

Estoy a punto de dejar la isla después de dos semanas aquí.

Estoy mirando las fotos con dedicación, que me regaló el grupo anoche.

Mi corazón se aprieta, lleno de emociones de las últimas semanas.

Y es desde aquí que me gustaría empezar a hablar para agradecer a todos los nuevos compañeros de viaje de Rowing Togheter que conocí en esta corta pero intensa experiencia.

Tuve la oportunidad de compartir los días con un grupo de personas magníficas y realmente puedo decir que pudimos «remar» todos juntos todos los días.

En este equipo conocí a David, coordinador de R.T al que agradezco su enorme acogida, humanidad, disponibilidad y su ayuda y apoyo en cada momento de necesidad. Agradezco a Coline, la nueva coordinadora del grupo, su motivación para querer aprender a «remar» juntos en esta aventura, su fuerza contagiosa en la lucha por lo que es correcto en el mundo y su sonrisa siempre presente.

Agradezco a Isabel, también coordinadora, por su energía llena de positividad, por ser una mujer que siempre defiende a las mujeres, por su capacidad para unir y unir al grupo con su apertura y simpatía.

Agradezco a Cris, ginecóloga voluntaria, su singularidad como médico ambulante al ofrecer su ayuda a las mujeres, su ayuda diaria a la clínica en compartir el trabajo diario y su disponibilidad y paciencia para enseñar en caso de necesidad.

Agradezco a Elisabeth, mediadora cultural, su capacidad para hacerse oír, su determinación diaria en la vida y el trabajo, su capacidad relacional para mediar con las mujeres y su lucha para no darse por vencida.

Agradezco a Deirdre, ginecóloga voluntaria, por su amor por la enseñanza y por

su voluntad de compartir el trabajo juntos.

Finalmente agradezco a Aziz, Saida, Zabulnensa por su ayuda fundamental como mediadores culturales en la clínica sin la cual no sería posible trabajar y por su humanidad en ayudar a quienes se encuentran en su misma situación.

Vine a Lesbos para ver directamente la situación de los miles de seres humanos que viven en esta isla en el drama de la condición de refugiado y para poder ofrecer mi pequeña ayuda como matrona en la clínica Rowing Together junto con todos los voluntarios.

La ONG me permitió de inmediato poder hacer esta experiencia de voluntariado sin reclamar requisitos excesivos si no ser una matrona motivada para poder ofrecer su disponibilidad en el campo de Moria.

Caminar por las estrechas calles de Moria es como adentrarse en una realidad paralela e inmediatamente la sensación es la de no estar en Europa.

Miles de personas de países de Oriente Medio como Afganistán, Siria, Turquía y África como Camerún, Somalia, Congo, Gambia viven en condiciones al borde de la supervivencia en tiendas de campaña de plástico y contenedores isobox.

Hay muchas mujeres, muchos niños de todas las edades, adolescentes, hombres y familias que llevan meses esperando y algunos más de un año para salir de Moria y obtener asilo político. La situación de estas personas está bloqueada: Moria nació como un lugar de tránsito para la identificación de migrantes y se ha convertido en un campo de refugiados permanente. La situación de Covid ha provocado un nuevo estancamiento y estas personas no tienen derecho a salir de Moria desde principios de febrero.

Moria carece de todo: agua limpia, baños decentes, electricidad, comida suficiente, necesidades básicas como un simple colchón para dormir.

El calor, en este momento, es infernal y hace la vida aún más difícil en este lugar olvidado por la UE y sus políticas inhumanas.

Lo que llama la atención al caminar por Moria es ver a la gente intentar vivir lo más normal posible para intentar no perder la dignidad de ser humano.

Algunas carpas se han convertido en pequeños restaurantes, pequeños bazares, pequeñas tiendas de artículos de primera necesidad, barberos y peluquerías.

Me llamó la atención la emoción del gesto de un anciano afgano que, tras cocinar el típico pan en un hoyo del suelo que sirve de horno, nos lo da sin querer nada a cambio. Si es cierto que estas personas ya no tienen nada y han perdido toda su vida anterior, también es igualmente cierto que no han perdido su humanidad y su espíritu de hermandad.

El trabajo como matrona fue intenso y hermoso. La clínica RT se encuentra dentro del complejo de MSF y se ocupa de la protección de la salud de las mujeres junto con las matronas de MSF. Cada mañana venían muchas mujeres a esperar su turno para ser visitadas. Las mujeres provienen principalmente de problemas ginecológicos de diversa índole, muchas veces provocados por la falta de normas de higiene adecuadas o por trastornos del ciclo menstrual correlacionados sobre todo con el estado de estrés psicofísico que se vive a diario en el campo. R.T también se ocupa de la salud de muchas mujeres embarazadas ofreciéndoles la ecografía necesaria y la asistencia en caso de problemas relacionados con el propio embarazo.

Anna.

A 7 de agosto de 2020